Haber tenido la posibilidad de asistir a la presentación de su libro y charla “viajera”, me hace sentir más que afortunada. Tuve la suerte de poder conocer personalmente el día 11 de Abril a Juan Calderoni y Daniela Elias; autores de los libros “Un viaje interior” y “Eliminando fronteras”, bloggeros en “Marcando el Polo”, profesionales en turismo, colegas.
Fue una charla organizada desde el comienzo, acompañada por la tecnología competente, duró una hora, como establecido. Hubo una trivia, con premios para el ganador y tiempo para preguntas.
Ellos se encuentran viajando hace más de diez años; todo comenzó con un viaje de “Work & Holiday” a Nueva Zelanda, lo que pensaron duraría tan solo tres meses, terminó extendiéndose, sin pasaje de vuelta.

«Charla viajera»
Yo tenía 21 años cuando nos fuimos de Buenos Aires, Dani tenía 19. Cuando salimos de viaje, los dos habíamos terminado nuestros estudios de Guía de Turismo, estábamos trabajando. Queríamos probar donde se hablara inglés de manera nativa, y nos fuimos a Nueva Zelanda, por tres meses. Sacamos una Visa de “Work & Holiday” y en ese momento pensamos, tanto como nuestra familias, que sólo serían tres meses.
“Crees que estás haciendo un viaje, pero rápidamente te das cuenta de que es el viaje el que te está haciendo a vos”
Nicolas Bouvier.
Hubo un montón de momentos que nos “hicieron”, haciendo que esos tres meses se convirtieran en un año y al final en diez. Había pasado solamente una semana de haber llegado a Nueva Zelanda y estábamos recogiendo zanahorias, trabajando en el campo. Además del trabajo en sí, allí había gente que nos rodeaba, que fuimos conociendo como así sus lugares de origen. Esa misma gente nos habría entusiasmado a hacer nuestro primer viaje. Ellos también querrían viajar como nosotros.

Este viaje generaría en nosotros los primeros choques culturales, cosas que no podríamos creer, ajenas a nuestra realidad, era la primera vez que lo veíamos. Por ejemplo, la veneración de las vacas y ratas en India. A partir de ahí, querríamos conocer que habría en el siguiente país, nos generaba cierta curiosidad e intriga a saber que nos esperaba en el próximo destino. Caminar por sus calles, oler sus aromas, escuchar ciertos sonidos de ciudades que comenzaron siendo una simple capital de un país en el mapa o ni siquiera ello, porque no se vería a simple vista; eso era lo que nos motivaba a viajar. Escuchar el silencio en el desierto de Gobi en Mongolia, escuchar el viento envolvente, ver las dunas de arena, era sumamente mágico. Eso nos incentivaba a seguir viajando.
Cuando decimos que llevamos 10 años viajando, y la gente nos pregunta si es que continuaremos, nosotros compartimos fotos, historias, hay gente que las quiere escuchar y otros quienes piensan que viajar es una pérdida de tiempo o simplemente podrían tener unas vacaciones y nada más, pero hay mucho más detrás.
Irán, un antes y un después…
Averiguando sobre nuestro próximo posible destino, eran varios los viajeros que destacarían la hospitalidad de este país, por sobre todo. Fue así que sacamos un pasaje a Teherán, para darnos el lugar a la duda pero para comprobarlo por nosotros mismos.
Como mujer (dice Dani) mi familia sintió cierto temor con que yo viaje allí, tendrían un preconcepto de cómo es el trato hacia nosotras, pero fue esta otra duda que me hacía estar más segura de mi decisión, querría ver con mis propios ojos, desde mis propias experiencias como sería este trato supuestamente malo para con las mujeres.
En Irán está lleno de extremistas, pero de la hospitalidad; la gente nos secuestraría para llevar a sus casas, agasajarnos con comidas, como nunca obtuvimos en ningún lado y es un fenómeno social, del que todos están de acuerdo. Ellos saben la mala fama que tiene Irán en Occidente y hacen todo lo que sea para revertirlo. Lo primero que te preguntan es de dónde sos y que opinan en tu país de ellos. Pude conocer a las mujeres iraníes y entenderlas. Allí todas las mujeres tendríamos que cubrirnos, hay una ley que obliga a las mujeres a cubrirse. Con los hombres no hay esta regla.
Y aquí me detengo en la importancia que tiene el viaje tanto para ellos como para nosotros. Uno piensa en lo que me llevo, lo que aprendo, lo que descubro, pero también está lo que dejamos en cada país. Y para muchas de esas mujeres, era la primera vez que tendrían la oportunidad de hablar con una occidental. Uno descubre mucho más del país a través de sus preguntas, de sus inquietudes y curiosidades.
“Marcando el Polo” fue inspirado en este viaje a Irán, en la necesidad de compartir. Desde el rol de la palabra, algo podríamos hacer. Pudimos unir Asia de punta a punta, Irán fue la inspiración para concretar nuestro siguiente sueño que hoy vemos concretado en el libro “Eliminando fronteras”.
Daniela Elias
Autostop
Decidimos viajar de ésta manera para empujarnos a confiar en la gente que nos ayudaría en el camino. A su vez, alojarnos con locales, a través de la aplicación de Couchsurfing para estar entre ellos y así derribar las fronteras mentales que tenemos debido a la (des)información que recibimos de los medios de comunicación.
Mucha gente pensó que sería imposible pero nosotros estábamos convencidos. Aprendimos en el camino, nos cambió la forma de ver la vida.
Fue un viaje de 10 años. Fue mucha gente la que nos dijo que no sería seguro viajar allí, que habría gente que nos querría hacer daño, secuestrar y matar. A tan solo una semana de viaje, debido a un accidente que Dani tuvo con un insecto en su ojo, terminamos en el hospital. En esos momentos más sensibles, lejos de casa, lejos del cuidado maternal que añoramos, a pesar de toda complicación, nos sentiríamos bien acompañados y cuidados. Todos los familiares de los pacientes nos rodeaban y ayudaban. Ahora mirando para atrás, son simples anécdotas, pero de seguro fue un evento particular en un hospital filipino.
Lo que nos lleva a viajar es la ignorancia y a su vez la curiosidad de cómo vivirá otra gente en otra parte del mundo. Situaciones particulares hubieron miles, como pasar por el pueblo del conductor, antes de llegar a destino, para que los lugareños conozcan por primera vez a un turista, saludar a la gente, sacarnos fotos, firmar autógrafos!!!
Salirse de la ruta turística tradicional, de los lugares más explorados y más comunes, donde el turista es moneda corriente y ya es parte del paisaje, nos permitió tener estas experiencias y es algo importante a priorizar en nuestros viajes.

En China hubo una barrera cultural muy fuerte, aún más que la idiomática; ya que no comprenderían que significa “auto-stop” y a raíz de una entrevista en un diario malayo y una carta formal de nuestra idea de viaje, pudimos hacernos entender y hasta conseguimos dos pasajes liberados en bus a nuestro próximo destino. Estarían contentos de ayudarnos una vez que entendieran cómo. Tenemos que destacar que en China recibimos una hospitalidad enorme, la policía nos ayudaría mucho.
Viajar en “auto-stop” nos obligaría a frenar en lugares que de otra manera ni hubiésemos parado. En una gasolinera, tuve la oportunidad de hablar con dos mujeres tailandesas, cubiertas por completo con un burka. Era tanta mi curiosidad como la de ellas por hablar conmigo. Con nuestro ojos occidentales, juzgadores, primero pensamos en lo oprimidas que deben sentirse al tener que cubrir cada parte de su cuerpo, que no poseen libertades ni derechos por sobre los hombres de su país; pero poder hablar (en inglés) con ellas, me dio perspectiva de mi equivocado concepto. Ellas piensan que las mujeres occidentales están desprotegidas, que nuestros maridos no nos cuidan, que nos debemos ganar la vida trabajando y eso es una desgracia.
Entonces, ponerse en el lugar del otro ayuda a comprender su realidad y no juzgar sin antes conocer. Para eso está el viaje, para derribar esas fronteras mentales, que aunque no comparto una idea, al menos entiendo el punto de vista.
Japón es uno de los países de los que volvimos con más preguntas que respuestas. Es otro planeta. Muchas suelen vestirse de un personaje para salir de la realidad aunque sea por un ratito.
Haciendo dedo por las carreteras de Laos, de los pocos autos que pasaban, nos paró uno el cual su conductor sería un miembro de la minoría Mong; como él tendría que pasar antes por Bambien a celebrar año nuevo y luego llegar al destino al cual nosotros pretendíamos llegar, nos ofreció unirnos a una celebración de su pueblo. Llegamos a la celebración de año nuevo de monjes en Laos; son pocos los días que pueden mostrar sus tradiciones, por eso tuvimos la suerte de poder asistir a uno como su año nuevo, cuando ellos tienen la oportunidad de buscar pareja, con trajes tradicionales. En la celebración, chicos y chicas se enfrentan, con un juego para poder conocerse.
Uno tiene que estar abierto a que estas cosas sucedan, uno tiene que ser flexible. Es difícil que estas situaciones se den viajando con un itinerario fijo, con horarios que cumplir y muchas actividades. A veces uno tiene que ceder ciertas ideas de su ruta “ideal” para que se den estos encuentros espontáneos. Hay que estar con la tranquilidad mental de que todo va a estar bien. Hay que aprender a decir que sí. Uno tiene la desconfianza que traemos de Occidente. En Oriente es al contrario, ya que si yo no te conozco ¿Por qué te voy a juzgar? No tengo ningún motivo para temer. Primero te conoceré.
En Mongolia nos topamos con los nómades y sus carpas. Se transportan de un lugar a otro y ellos nos explicaban porque vivían así, familias juntas, para protegerse del clima hostil.
Viajar por Asia Oriental y entender porque comen con «palitos»
Ellos están acostumbrados, nosotros no, y siempre nos preguntábamos porque es que tenían esa costumbre. Nos respondieron con otra pregunta: ¿Por qué ustedes ponen un arma sobre la mesa? El cuchillo es un arma, y nunca pondríamos un arma sobre la mesa. Es un momento para compartir en familia, unidos. La comida se corta en pequeños trozos, lo que los obliga a su vez, a comer más despacio. Para disfrutar un poco más de la comida.
Uno aprende a comprender de otras culturas y no caer en pensar que nuestra cultura es superior que otras indiscutidamente.
Por ejemplo, en casas de Medio Oriente, con poco y casi nulo mobiliario, se destacan sus alfombras, las alfombras persas. Ellos explican que al entrar en su casa dejas atrás la vorágine de la ciudad; es un lugar de paz, al sacarse el calzado puedes tocar tierra con tus emociones, con lo terrenal y la seguridad del hogar al que se vuelve cada día, sin arrastrar el stress, las preocupaciones ni la mala onda que absorbimos estando en la ciudad.
El sentido de hospitalidad más grande fue que un señor de más de 90 años nos ceda su cama atribuyendo nuestra visita como un mensaje de Alá, una bendición de que estemos en su casa y seamos sus invitados.
Esto nos hace pensar en la cantidad de prejuicios que teníamos antes de conocer esta cultura, todo lo que uno piensa y se hace a una idea errónea, antes de entrar en sus costumbres. Uno escucha y aprende.
Uno aprende de otras culturas, pierde la vergüenza en algunas cosas y valora hasta el agua potable, tras tener que cargar tu propia agua para todo (cocinar, bañarse, limpiar). En el Sudeste Asiático, precisamente en Birmania, son la mujer y los chicos los encargados de las tareas de la casa como proveer a la familia de agua. Cargar tu propia agua hace valorar cada gota.
Entender que algo tan aleatorio como el lugar que nos tocó nacer nos define la vida para siempre
Daniela Elias
¿Monjes budistas?
Conocer a monjes budistas nos cambió la idea que tendríamos de ellos, ya que no todos lo son por elección sino por obligación. Por necesidad social y económica un hijo de la familia tiene que ir al monasterio, muchas familias pobres se aseguran de esa manera que tenga un techo bajo el cual dormir, esté bien alimentado e instruido en la enseñanza básica. Los monjes no reciben dinero, más bien donaciones cada mañana de los ciudadanos.
Nosotros siempre confiamos que a pesar de las adversidades que se puedan presentar, termina resolviéndose. Nosotros lo llamamos el “ángel de la ruta”.
Muchas veces, luego de tantas horas esperando en la ruta a que alguien nos lleve, pensar que el viaje que pudo durar una hora (en bus), dure diez, con diez paradas cada 100 km y siempre mantenemos buena predisposición y buena onda. A veces la comunicación, a pesar de hablar otro idioma, pasa por otro lado y ese otro lado es la sonrisa.
Lo que llamamos primer mundo, tiene mucho que aprender de lo que llamamos tercero. Hay una humanidad superior, a veces distorsionada por la mala prensa y la desinformación.
¿Cuántas cosas dejamos de hacer por adelantarnos al rechazo? ¿Cuánto dejamos de hacer en nuestra vida por miedo al rechazo, por creer que no seremos capaces o no conseguiremos lo que buscamos?
Darse cuenta el valor que tienen los sueños y trabajar en ellos para que se cumplan.
Juan Caldaroni

Uno se da cuenta de los privilegios que tenemos por poder viajar, no simplemente un privilegio económico, además un pasaporte, hablar diferentes idiomas y decir ser de cierta nacionalidad (en nuestro caso argentino) y no ser juzgados. No pasar por miradas de rechazo o más trabas para poder seguir viajando, solo por decir nuestra nacionalidad. No nos damos cuenta, hasta que conocimos en Kurdistán a los kurdos, un grupos de personas que lo viven en primera persona a este rechazo al cual nos referimos.
Tramo final del viaje, comienzo de una nueva etapa
Cuando llegamos a Turquía, luego de tantos años, al cruzar la frontera y llegar a Estambul, tuvimos un sentimiento de agradecimiento por todos los lugares que conocimos y para con toda la gente que conocimos e hicieron esto posible, nos enseñaron más de lo que imaginan y nos formaron como personas.
Sólo habríamos marcado el punto de inicio y el de final, sin saber todo lo que vendría en el camino, entre medio de cada punto. Dejamos el espacio en blanco para que se llene de gente, de historias; y sí nos daba mucho miedo, hacer un viaje de este estilo te pone a prueba. Hay que tener mucha fe en las cosas que más miedo dan, porque al final son las que más te recompensan cuando llegas al final del camino. Cuando mirás para atrás fueron 47.000 km, fueron 10 años, 926 vehículos, cada día fue gente totalmente desconocida para nosotros y no desconfiarían ya que nos decían ¿Por qué los juzgaríamos, si no los conocemos?
Los realistas concluyeron en que tuvimos suerte de completar este viaje, nosotros lo que menos creemos es que haya sido suerte sino que se acerca mucho a la realidad que existe en el mundo, mucho más certero de lo que nos muestran los medios de comunicación. Finalmente, nos dimos cuenta que la frontera más peligrosa no es la divide Irán e Irak o Siria de Turquía, sino la que nosotros mismos creamos y así como la creamos, somos los únicos que la podemos derribar.

En lo personal
Como dije antes, me sentí afortunada de poder conocerlos personalmente, no una sino dos veces. El día sábado 14 de abril, nos reunimos en un improvisado pic-nic con mate y biscochitos, en el parque del Templo de Debod, en la Ciudad de Madrid, España. Fue una tarde de sol, calurosa, porque está empezando la tan ansiada primavera. Elegimos un lugar a la sombra y nos echamos sin más.
Como dicen por ahí, nunca conozcas a tus ídolos. No los considero “mis ídolos”, pero dentro de mí había un grado de admiración hacia esta parejita viajera. Fue uno de los primeros blogs que me recomendó mi madre, al contarle yo mis planes de querer emprender un viaje por el estilo. Su historia es fácilmente comparable a la mía, o al menos, a la que fui haciendo… Nacidos en Buenos Aires, ambos recibidos como Guía de Turismo y trabajando en el rubro. Deciden irse de viaje a perfeccionar su inglés y se enamoran de la ruta, del autostop y cargan su casa, su vida y mil historias dentro de una mochila de no más de 60 litros.
Sonaba a que todo les había salido según lo planeado, que tendrían todos los consejos y frases motivacionales que necesita alguien que recién empieza. Sus sonrisas estarían tatuadas en las fotos de su blog. Pero claro, de lo virtual a lo real, hay un abismo. La energía de estos dos viajeros no fue lo que particularmente me atrapó. Sus ojos no dirían lo que sus palabras explicaban.
¿En qué me baso para hablar de la energía de Jota y Dani? ¡Qué atrevida! Lamento desilusionarlos, pero ellos también son personas. Me sorprendió de entrada la buena predisposición para reunirnos, realmente no me lo esperaba. Aprendí a confiar en mis instintos y cada vez estoy más segura de que la primera impresión que otra persona genera en ti, aunque el prejuicio sea mal visto y no puedo juzgar a alguien sin conocerlo, es el más limpio. Ésta vez fue fiel, fue certero.
Podría haberme dejado llevar por ese instinto, y rechazar la oferta de juntarnos el sábado, para lo que sería un encuentro más íntimo. De todos modos, mis días en Madrid fueron tranquilos y una reunión en el parque, al solcito y con mate no parecía tan amenazador a mi pacífica soledad ¿Qué podría salir mal?
En este blog, que es tan mío como suyo, es nuestro, está la idea de entrevistar a viajeros y compartir la charla que se tiene, tips, fotos y links a otros blogs. Hasta ahí todo bien, pero tiene ciertos condicionamientos que no les dije hasta ahora; el primero es que la entrevista sea espontánea. El “viajero/a” entrevistado no sabe que será entrevistado, como mi blog no es conocido, no saben cómo y qué hago; si me preguntan les cuento y para que ello suceda, tiene que haber cierto grado de interés.
Hubo mucha más gente que he encontrado en el camino, persiguiendo una buena historia para contar, algo que alimente mi sueño, nuestro sueño. Si no se dio la oportunidad, ni la historia, ni el tema para hablar es lo suficientemente contundente (me encanta ese adjetivo), ni me gasto en apretar “record”. Es muy importante, de hecho, crucial y excluyente que haya una ida y vuelta desde un comienzo. Romper el hielo, hablar que hace el uno, que hace el otro, que se interesen por mi vida… ¿no?
“No soy TAN interesante como ustedes que viajaron por el mundo pero…” Esa frase se repetía en mi cabeza cada vez que ¿Francisco? Bueno, nose, otro chico que nos acompañaba, les preguntaba una cosa tras otra, como si las tuviera anotadas en el cerebro y no podría soportar el silencio entre una y otra.
El silencio esa tarde sí era incómodo. Yo cebé mate. Nada más. Acoté, cuando Pancho (creo) me dejaba hablar, pocas veces.
Porque en este blog también viviremos juntos también frustraciones, desilusiones y alguna que otra bronca.

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